EL SALVATOR MUNDI: PINTÓ REALMENTE LEONARDO DA VINCI EL CUADRO MÁS CARO DE LA HISTORIA?

Una nueva investigación basada en inteligencia artificial reabre la controversia sobre la autoría de una de las pinturas mas enigmáticas del Ranacimiento.

BLOG DE NOTICIAS

Quiteria Méndez Fernández

11/6/202616 min read

Contenido de mi publicación

SALVATOR MUNDI. 1500.

Izquierda, en la actualidad. Centro, antes de la restauración de 2006. Derecha, radiografía.

Detalle Salvator Mundi. Esfera.

Detalle mano izquierda bendiciendo. Salvator Mundi.

Leonardo da Vinci. Autorretrato.

Virgen con niño. Giovanni Antonio Boltraffio.

Retrato de noble. Giovanni Antonio Boltraffio.

Detalle mirada Salvator Mundi.

El Salvator Mundi: ¿pintó realmente Leonardo da Vinci el cuadro más caro de la historia?

Una nueva investigación basada en inteligencia artificial reabre la controversia sobre la autoría de una de las pinturas más enigmáticas del Renacimiento. Tras siglos de cambios de propietario, una restauración decisiva y una subasta de 450 millones de dólares, el debate continúa abierto: ¿es una obra de Leonardo, de sus discípulos o el resultado de una colaboración entre varios artistas?

Hay pinturas que pasan a la historia por su belleza, otras por su significado y algunas por el misterio que las rodea. El Salvator Mundi pertenece a esta última categoría. Atribuido a Leonardo da Vinci, representa a Cristo como salvador del mundo y se convirtió en 2017 en la pintura más cara vendida en una subasta, al alcanzar los 450,3 millones de dólares en Christie’s, Nueva York. Sin embargo, detrás de esa cifra extraordinaria se esconde una pregunta que los especialistas llevan años intentando responder: ¿hasta qué punto puede asegurarse que la obra salió de la mano del gran maestro florentino?

La controversia ha vuelto a cobrar actualidad tras conocerse, en octubre de 2026, un análisis mediante inteligencia artificial que señala a Giovanni Antonio Boltraffio, uno de los discípulos de Leonardo, como posible autor principal. El resultado ha reavivado las dudas, pero no constituye una demostración definitiva. Para comprender su alcance es necesario regresar a la historia de una tabla que permaneció durante décadas lejos del reconocimiento que alcanzaría después.

Un Cristo renacentista y un largo camino hacia el reconocimiento

El Salvator Mundi, expresión latina que significa «Salvador del mundo», representa a Jesucristo de frente, con la mano derecha levantada en señal de bendición y la izquierda sosteniendo una esfera transparente. Viste una túnica azul y un manto que cae sobre sus hombros. Su rostro, de expresión serena y mirada dirigida hacia el espectador, transmite una solemnidad que invita a la contemplación.

La imagen responde a una tradición iconográfica cristiana que presenta a Cristo como soberano universal. La esfera simboliza el mundo bajo su autoridad, mientras que el gesto de bendición refuerza su dimensión divina. No se trata, por tanto, de un retrato convencional, sino de una imagen de devoción en la que cada elemento participa de un significado teológico.

La pintura se fecha habitualmente hacia 1500. Está realizada al óleo sobre una tabla de madera de nogal y mide aproximadamente 65,7 por 45,7 centímetros. Su composición guarda relación con una tradición de imágenes de Cristo como Salvador que circuló ampliamente en el entorno artístico de Leonardo.

No obstante, la historia de la tabla concreta que hoy conocemos como Salvator Mundi presenta numerosas lagunas. Aunque se ha propuesto que pudo ser encargada por el rey Luis XII de Francia y su esposa, Ana de Bretaña, no existe una documentación concluyente que permita afirmar que ese encargo se produjo exactamente así. La hipótesis se relaciona con la presencia de Leonardo en el norte de Italia y con las conquistas francesas de Milán y Génova a finales del siglo XV.

Para entender el misterio es necesario separar dos cuestiones: la historia de la composición artística, que tuvo numerosas versiones, y la procedencia del ejemplar restaurado y vendido en 2017. La existencia de una imagen de Cristo atribuida a Leonardo en documentos antiguos no demuestra automáticamente que se trate de esta misma tabla.

De las colecciones reales a un periodo de incertidumbre

El posible origen francés

La reconstrucción tradicional sitúa la creación del cuadro alrededor de 1500, en un momento de intensa actividad artística y política en Italia. Leonardo trabajaba entonces en el contexto de los cambios de poder que afectaron al ducado de Milán, conquistado por las tropas francesas en 1499.

Algunos investigadores han planteado que el Salvator Mundi pudo encargarse para Luis XII y Ana de Bretaña. Según esta hipótesis, la obra habría entrado posteriormente en las colecciones de la monarquía francesa y llegado a Inglaterra con Enriqueta María de Francia, hija de Enrique IV y esposa de Carlos I de Inglaterra, con quien contrajo matrimonio en 1625.

La reconstrucción resulta plausible, pero no debe confundirse con una cadena de propiedad completamente demostrada. No se conserva un documento inequívoco que conecte el supuesto encargo francés con la tabla redescubierta en el siglo XX. Es precisamente esta falta de continuidad documental la que ha permitido diferentes interpretaciones sobre su trayectoria.

1649-1651: la Inglaterra de Carlos I

El primer tramo de la procedencia tradicional que permite identificar con mayor seguridad una pintura de este tipo se relaciona con la colección del rey Carlos I de Inglaterra.

Tras la ejecución del monarca en 1649, el nuevo régimen parlamentario ordenó inventariar y vender sus bienes para atender las deudas de la Corona. En ese contexto se registró una pintura descrita como una representación de Cristo realizada por Leonardo.

El 23 de octubre de 1651, durante la venta de bienes reales conocida como Commonwealth Sale, una obra identificada como un Cristo de Leonardo fue adjudicada a John Stone, arquitecto o constructor que representaba a un grupo de acreedores. El registro constituye una pieza fundamental de la historia del Salvator Mundi.

Sin embargo, la identificación de esa pintura histórica con el ejemplar que reapareció en 2005 sigue siendo objeto de discusión. El hecho de que un documento mencione una obra de Leonardo con una iconografía semejante no basta por sí solo para demostrar que se trata de la misma tabla.

Un testimonio visual relevante es el grabado realizado por Wenceslaus Hollar en 1650, que reproduce una imagen de Cristo con una esfera y un gesto de bendición. La estampa lleva una inscripción que atribuye el modelo a Leonardo da Vinci. Su proximidad cronológica a los inventarios ingleses constituye un argumento importante para quienes defienden la existencia de un prototipo leonardesco.

1660-1666: la restauración de la monarquía

Cuando Carlos II recuperó el trono inglés en 1660, los bienes de la antigua Corona fueron objeto de reclamaciones y devoluciones. La cronología tradicional sostiene que John Stone restituyó la pintura a la colección real.

En 1666, un inventario de las posesiones de Carlos II en Whitehall incluyó una obra descrita como un «Leonard de Vince», con un globo en una mano y la otra levantada. La semejanza de esta descripción con la composición del Salvator Mundi ha sido uno de los principales argumentos para relacionar el cuadro con la monarquía inglesa.

La pintura habría permanecido posteriormente en el entorno de la corte, posiblemente durante el reinado de Jacobo II, entre 1685 y 1688. Algunas reconstrucciones sostienen que pudo pasar a Catherine Sedley, condesa de Dorchester, favorita del monarca, y permanecer en su entorno familiar durante parte del siglo XVIII.

Este tramo de la historia es atractivo porque parece ofrecer una continuidad entre los primeros inventarios y las colecciones posteriores. Sin embargo, la documentación disponible no permite reconstruir todos los cambios de manos con absoluta seguridad.

1763: una desaparición decisiva

En 1763 aparece en la historia de la pintura otro episodio controvertido. Ese año, Charles Herbert Sheffield, hijo ilegítimo del duque de Buckingham, organizó una venta de bienes vinculada a la propiedad de Buckingham House, el edificio que posteriormente se convertiría en el palacio de Buckingham.

En el catálogo de aquella venta figuraba una pintura descrita como una cabeza del Salvador atribuida a Leonardo. Algunos investigadores han considerado que podría tratarse del Salvator Mundi hoy conocido, pero la identificación no está demostrada de forma concluyente.

A partir de este momento se abre un periodo de gran incertidumbre. No existe una cadena documental continua que permita seguir con seguridad la trayectoria de la tabla durante el siglo XIX. Las reconstrucciones que conectan la pintura con las colecciones reales inglesas dependen de interpretar conjuntamente inventarios, descripciones y testimonios visuales cuya correspondencia exacta no siempre puede probarse.

Esta laguna es fundamental: aunque la historia real del cuadro ha contribuido enormemente a su leyenda, no todos los eslabones de esa historia poseen el mismo grado de certeza.

1900: la pintura reaparece en una colección británica

La tabla volvió a aparecer en la documentación artística en torno a 1900, cuando fue adquirida a través del comerciante y experto Sir Charles Robinson para la colección de Sir Francis Cook, un destacado coleccionista británico.

En aquel momento no se consideraba una obra original de Leonardo. Se atribuyó a Bernardino Luini, pintor lombardo formado en el ambiente artístico del maestro. La diferencia es importante: Luini pertenecía a la generación de artistas que asimilaron el lenguaje leonardesco, pero no era Leonardo.

Para entonces, el estado de conservación de la tabla era deficiente. La superficie había sufrido intervenciones y repintes, especialmente en el rostro y el cabello de Cristo. La madera había sido sometida a modificaciones estructurales destinadas a estabilizarla, lo que complicaba tanto el estudio material como la lectura de la imagen original.

En 1913, el historiador del arte Tancred Borenius catalogó la pintura de la colección Cook como una copia libre relacionada con Giovanni Antonio Boltraffio, otro artista del círculo de Leonardo. Sir Herbert Cook, descendiente del coleccionista, consideró que la calidad de la obra podía ser superior a la de una copia ordinaria.

Estas opiniones demuestran que, mucho antes de su redescubrimiento moderno, ya existía un debate sobre su calidad y su relación con el entorno de Leonardo. Lo que no existía era un consenso que permitiera identificarla como una obra autógrafa del maestro.

1958: vendida por 45 libras

La colección Cook se dispersó mediante una venta en Sotheby’s, Londres, celebrada el 25 de junio de 1958. La pintura se vendió por apenas 45 libras y fue catalogada en relación con Boltraffio.

El precio resulta extraordinario si se compara con el que alcanzaría casi seis décadas después, pero refleja la consideración que tenía entonces la obra. Su superficie estaba muy alterada y su autoría se consideraba secundaria. Nada indicaba todavía que pudiera convertirse en una de las pinturas más famosas y caras del mundo.

El comprador quedó registrado como Kuntz, identificado posteriormente con Minnie Stanfill Kuntz o con su esposo, Warren Kuntz, residentes en Nueva Orleans. La obra pasó después a la familia, y tras la muerte de Minnie en 1987 habría sido legada a su sobrino, Basil Clovis Hendry Sr.


Según la reconstrucción de su procedencia, el cuadro terminó en una vivienda de Luisiana, donde permaneció apartado del circuito de las grandes colecciones. Durante esos años no se reconoció su posible importancia ni se estableció una conexión firme con los inventarios reales ingleses.

La pintura llegó así a las primeras décadas del siglo XXI convertida, a ojos del mercado, en una obra deteriorada y de autoría incierta.

2005: el descubrimiento en Nueva Orleans

El momento decisivo llegó en abril de 2005, cuando la tabla salió a la venta en una pequeña casa de subastas regional de Nueva Orleans, la St. Charles Gallery. Procedía del patrimonio de Basil Clovis Hendry Sr y fue catalogada como una obra posterior a Leonardo da Vinci.

Un grupo de comerciantes y especialistas, entre ellos Robert Simon y Alexander Parish, la adquirió por 1.000 dólares, a los que se añadieron los gastos de la subasta. El precio de compra fue modesto porque la pintura no se ofrecía como una obra original del maestro renacentista.

Lo que llamó la atención de sus nuevos propietarios fue la posibilidad de que bajo los repintes se ocultara una pintura de mayor calidad. La tabla presentaba daños, zonas oscurecidas y una superficie profundamente alterada por intervenciones anteriores. Era necesario investigar antes de formular una atribución.

El estudio y la restauración comenzaron a cambiar la percepción de la obra. Dianne Dwyer Modestini, conservadora especializada en pintura antigua, trabajó para retirar repintes y recuperar, en la medida de lo posible, la superficie pictórica conservada.

La restauración reveló detalles que los investigadores consideraron compatibles con el lenguaje de Leonardo. Los análisis técnicos y la comparación con dibujos y pinturas del artista alimentaron la hipótesis de una autoría directa. Al mismo tiempo, la magnitud de las intervenciones anteriores planteaba una dificultad: no toda la superficie visible podía considerarse necesariamente original.

La procedencia también empezó a investigarse de nuevo. Las marcas de la estructura posterior de la tabla y la documentación histórica permitieron relacionarla con el ejemplar de la colección Cook. Sin embargo, conectar esa historia moderna con la pintura registrada en los inventarios reales del siglo XVII exigía interpretar documentos cuya identificación no era indiscutible.

El redescubrimiento fue, por tanto, doble: se recuperó una obra de notable calidad y se reabrió la investigación sobre su autoría y su trayectoria histórica.

De la restauración a la consagración internacional

Entre 2007 y 2010, la pintura fue examinada por conservadores e historiadores del arte, incluidos especialistas vinculados al Metropolitan Museum of Art y a la National Gallery de Londres. Los defensores de la atribución destacaron la calidad de la ejecución, las modificaciones compositivas y la relación de la obra con dibujos preparatorios asociados a Leonardo.

En 2011, el Salvator Mundi fue presentado en la exposición Leonardo da Vinci: Painter at the Court of Milan, organizada por la National Gallery de Londres. La inclusión en aquella muestra consolidó su reconocimiento público como una obra del maestro y marcó un punto de inflexión en su historia.

La pintura pasó después por distintas manos y se convirtió en una pieza de extraordinario valor comercial. En 2013 fue adquirida por el comerciante Yves Bouvier, quien posteriormente la vendió al coleccionista ruso Dmitri Rybolovlev por unos 127,5 millones de dólares, según la información publicada sobre la operación.

El 15 de noviembre de 2017, Christie’s la subastó en Nueva York por 450.312.500 dólares, incluidos los gastos del comprador. La venta estableció un récord para una pintura subastada y transformó el Salvator Mundi en un fenómeno cultural y mediático.

El precio no eliminó las dudas sobre su autoría. Al contrario, la convirtió en una cuestión aún más sensible: una revisión de la atribución tendría consecuencias no solo para la historia del arte, sino también para la valoración económica y el relato comercial que rodeó la venta.

¿Dónde está hoy el Salvator Mundi?

Desde la subasta de 2017, el paradero de la pintura ha sido objeto de numerosas informaciones y especulaciones. La operación se relacionó con el príncipe saudí Badr bin Abdullah bin Mohammed bin Farhan, mientras que distintas informaciones posteriores señalaron al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, como propietario efectivo o destinatario final.

También se ha especulado con que la obra podría encontrarse en almacenamiento privado en Suiza o que estuviera destinada a exhibirse en una institución cultural saudí. Otras versiones la han relacionado con el Louvre de Abu Dabi. Sin embargo, no existe una confirmación pública suficientemente sólida que permita establecer su ubicación actual con certeza.

El cuadro no volvió a exhibirse públicamente de forma regular tras la subasta de 2017. La ausencia de una presentación pública y la falta de información accesible sobre su conservación han alimentado el misterio. La dificultad para examinarlo directamente también complica cualquier nueva investigación independiente sobre su estado y su atribución.

La historia del Salvator Mundi se encuentra, por tanto, marcada por dos tipos de incertidumbre: la histórica, que afecta a los siglos anteriores a su redescubrimiento, y la contemporánea, relacionada con su propietario y su localización.

Leonardo, Boltraffio y el problema de la autoría

La cuestión fundamental no consiste únicamente en decidir si el cuadro es renacentista o si pertenece al círculo de Leonardo. Lo verdaderamente complejo es determinar qué partes, si las hubo, fueron pintadas personalmente por el maestro y cuáles podrían corresponder a sus colaboradores.

Leonardo trabajó en un entorno en el que la colaboración entre maestro y discípulos formaba parte de la práctica habitual. Su taller producía dibujos, modelos y composiciones que podían ser desarrollados por diferentes manos. Por eso, las atribuciones de obras vinculadas a su círculo requieren comparar el estilo, el dibujo subyacente, la técnica y la calidad de ejecución, además de estudiar la documentación histórica.

Entre los nombres propuestos aparece Giovanni Antonio Boltraffio, pintor milanés que trabajó en el entorno de Leonardo. Su formación y su proximidad al maestro hacen plausible que participara en la elaboración de composiciones relacionadas con él. Algunos especialistas han considerado que pudo ejecutar una parte sustancial del Salvator Mundi, quizá con intervenciones directas de Leonardo.

La historiadora del arte Carmen C. Bambach, conservadora del Metropolitan Museum of Art, ha defendido una interpretación matizada: buena parte de la superficie podría corresponder a Boltraffio, mientras que determinadas zonas podrían incluir intervenciones de Leonardo.

Otros expertos han expresado reservas más profundas. Las dudas se centran en el estado de conservación, la amplitud de las restauraciones y la dificultad de separar la pintura original de las intervenciones posteriores. También se ha cuestionado si la documentación histórica permite afirmar que Leonardo completó una pintura de este tema o si los ejemplares conservados derivan de dibujos y modelos creados por él.

En sentido contrario, los defensores de la atribución destacan la calidad de las zonas mejor conservadas, la relación con dibujos preparatorios vinculados a Leonardo y las modificaciones compositivas detectadas durante los análisis.

Conviene distinguir, por tanto, entre tres posibilidades: una pintura ejecutada íntegramente por Leonardo, una obra realizada en colaboración con su taller o una versión creada principalmente por uno de sus seguidores. Las tres hipótesis implican interpretaciones históricas diferentes y no tienen las mismas consecuencias para la valoración artística y económica de la tabla.

La inteligencia artificial entra en escena

La noticia más reciente procede de una investigación divulgada en octubre de 2026 por el medio peruano La República. El investigador brasileño Átila Soares da Costa Filho ha presentado un análisis mediante un sistema de inteligencia artificial denominado Luminari, cuyo resultado señala a Boltraffio como el candidato más probable para la autoría de la pintura.

Según la información publicada, el sistema atribuyó a Boltraffio una probabilidad del 81 %. El procedimiento habría incluido una reconstrucción informática del aspecto del cuadro antes de las intervenciones que alteraron su superficie, seguida de una comparación del rostro con imágenes de referencia.

La propuesta resulta sugerente porque intenta abordar uno de los principales obstáculos de la atribución: las restauraciones pueden modificar las características visuales de una obra y dificultar la comparación directa con pinturas de autoría segura. Un sistema capaz de identificar patrones estilísticos podría ayudar a detectar semejanzas que escapan a una observación superficial.

Pero hay una diferencia importante entre un resultado algorítmico y una prueba concluyente. El porcentaje anunciado no demuestra que el 81 % de la pintura fuera ejecutado por Boltraffio ni significa que exista una probabilidad objetiva y universalmente aceptada de que él sea el autor. Para interpretar correctamente esa cifra sería necesario conocer el método completo, las obras utilizadas para entrenar el sistema, los criterios de comparación, sus márgenes de error y la forma en que se validó el resultado.

La información difundida tampoco acredita que la atribución haya sido confirmada mediante un estudio independiente revisado por especialistas. Además, la inteligencia artificial depende de los datos que recibe: si las imágenes de referencia están mal atribuidas, son insuficientes o presentan diferencias importantes de conservación, sus conclusiones pueden resultar engañosas.

Por ello, el análisis debe entenderse como una nueva hipótesis de investigación, no como una sentencia definitiva contra Leonardo. La tecnología puede aportar herramientas útiles a la historia del arte, pero no sustituye la investigación documental, el examen material ni el juicio crítico de los especialistas.

Una obra maestra todavía envuelta en el misterio

La historia del Salvator Mundi demuestra hasta qué punto la atribución artística puede cambiar la vida de una obra. Considerada durante décadas una pintura de un seguidor de Leonardo, pasó por una restauración decisiva, recibió el respaldo de especialistas y fue presentada como una obra del maestro antes de alcanzar los 450,3 millones de dólares en una subasta celebrada en 2017.

Su recorrido desde las colecciones inglesas del siglo XVII hasta la venta de Nueva Orleans en 2005 es una combinación de documentos, hipótesis y largos periodos sin información segura. Esa discontinuidad no invalida necesariamente su atribución a Leonardo, pero obliga a evitar afirmaciones excesivamente categóricas sobre su procedencia.

¿Cambiaría su importancia si se demostrara que Boltraffio fue el autor principal? Sin duda cambiaría su posición en el catálogo de Leonardo y probablemente su valoración comercial. Sin embargo, la pintura seguiría siendo un testimonio relevante de la cultura visual del Renacimiento, de la difusión de los modelos leonardescos y de las relaciones entre los grandes maestros y sus talleres.

La nueva investigación mediante inteligencia artificial no resuelve el enigma, pero devuelve al primer plano una pregunta esencial: cómo distinguimos la mano de un artista cuando una obra ha atravesado siglos de deterioro, restauraciones, copias y cambios de atribución.

Hasta que aparezcan nuevas pruebas documentales o técnicas que permitan avanzar con mayor seguridad, el Salvator Mundi continuará ocupando un lugar singular en la historia del arte. No solo por su precio récord, sino porque representa los límites del conocimiento, las dificultades de la atribución y el delicado equilibrio entre la ciencia, la tecnología y la mirada experta.

Quizá su mayor interés resida precisamente en esa incertidumbre. En un mundo en el que los algoritmos parecen capaces de ofrecer respuestas inmediatas, el cuadro recuerda que, ante una obra de arte, identificar al autor puede ser mucho más complejo que reconocer un rostro o comparar una imagen.



Fuentes para documentación y verificación

- "Christie’s: cronología de la restauración, procedencia y autenticación del Salvator Mundi" (https://www.christies.com/en/stories/salvator-mundi-timeline-c2649d575ad54e50bb64eb79f51ba10c).
- "Christie’s: ficha de la subasta de 2017 y procedencia publicada" (https://www.christies.com/en/lot/lot-6110563).
- "The Art Newspaper: cronología de las ventas, las lagunas de procedencia y las controversias" (https://www.theartnewspaper.com/2022/11/18/a-timeline-of-the-450m-salvator-mundi-centuries-of-deals-disputes-and-drama).
- "El País: el misterio sobre el paradero del Salvator Mundi, 13 de mayo de 2025" (https://elpais.com/cultura/2025-05-13/dos-decadas-bajo-el-misterio-del-salvator-mundi.html).
- Frank Zöllner, «Leonardo da Vinci’s Salvator Mundi, its Pictorial Tradition and its Context as a Devotional Image», Artibus et Historiae, 2021.
- La República, 26 de octubre de 2026: noticia sobre el análisis de inteligencia artificial y la hipótesis de autoría de Giovanni Antonio Boltraffio.