LAS MISTERIOSAS PINTURAS DE SAN BAUDELIO DE BERLANGA
LA APASIONANTE HISTORIA DE UNAS PINTURAS FASCINANTES
OBRA DEL DÍA
Quiteria Méndez Fernández
10/22/202610 min read


EXTERIOR DE LA ERMITA DE SAN BAUDELIO DE BERLANGA, SORIA.


INTERIOR DE LA ERMITA.


PINTURA MURAL DE CAZA DE LIEBRES.


PINTURA MURAL DE DROMEDARIO


PINTURA MURAL DE ELEFANTE BLANCO CARGANDO UN CASTILLO


PINTURA MURAL DE DOS MEDALLONES CON LOBOS RAMPANTES FLANQUEANDO UNA VENTANA OPACA MOZÁRABE.


PINTURA MURAL DE UN OSO PARDO.


PILAR CENTRAL DE LA BASÍLICA CON FORMA DE PALMERA.
San Baudelio de Berlanga: la ermita que perdió sus pinturas y conservó el misterio
Entre la espiritualidad románica, los animales exóticos y una arquitectura excepcional, este pequeño templo soriano encierra una de las historias más singulares del patrimonio medieval español.
En un paisaje austero de la provincia de Soria, lejos de las grandes ciudades y de las rutas turísticas más concurridas, se levanta una construcción que sorprende tanto por su arquitectura como por la historia de sus pinturas. La ermita de San Baudelio de Berlanga, situada en las proximidades de Casillas de Berlanga, en el término municipal de Caltojar, es uno de esos monumentos que obligan a revisar las ideas preconcebidas sobre el arte medieval. Tras sus muros de apariencia sencilla se esconde un universo de imágenes en el que conviven episodios bíblicos, escenas de caza, animales exóticos y motivos decorativos que evocan la diversidad cultural de la península ibérica medieval.
Su singularidad no reside únicamente en las pinturas que todavía pueden contemplarse en el edificio o en los museos que conservan parte de su decoración original. También se encuentra en la propia arquitectura, en la compleja relación entre las tradiciones cristianas e islámicas y en una historia patrimonial marcada por el arranque y la venta de una parte sustancial de sus murales durante el siglo XX.
Una arquitectura extraordinaria en un paisaje fronterizo
La ermita se construyó probablemente en el siglo XI, en un territorio que durante la Edad Media estuvo marcado por la proximidad y los cambios de frontera entre los poderes cristianos y musulmanes. Su arquitectura suele relacionarse con la tradición mozárabe, aunque las clasificaciones estilísticas y la interpretación de algunos de sus elementos siguen siendo objeto de estudio. El edificio constituye un ejemplo excepcional de la diversidad arquitectónica que caracterizó a los territorios peninsulares medievales.
Desde el exterior, San Baudelio presenta una imagen sobria, casi austera. Sin embargo, basta con cruzar el umbral para descubrir uno de sus elementos más sorprendentes: una robusta pilastra central de la que arrancan ocho arcos de herradura, dispuestos radialmente hasta formar una estructura que recuerda a una palmera de piedra. Los nervios se extienden hacia la cubierta y organizan visualmente el espacio, creando una solución arquitectónica de extraordinaria personalidad.
La comparación con una palmera no es una simple descripción ornamental. La estructura transforma el interior en un espacio de gran fuerza simbólica y visual. Frente a las iglesias románicas en las que la atención se dirige principalmente hacia el ábside, la organización de San Baudelio invita a levantar la mirada y percibir el edificio como una unidad articulada alrededor de su soporte central.
En uno de los extremos se encuentra la cabecera, destinada al altar, mientras que una tribuna elevada ocupa parte del espacio occidental. Sus arcos de herradura y su disposición evocan soluciones arquitectónicas que también aparecen en otros edificios medievales de tradición islámica y cristiana. Esta combinación constituye uno de los motivos por los que San Baudelio resulta tan importante para comprender la circulación de técnicas y formas artísticas en la península.
El edificio fue declarado Monumento Nacional en 1917. Hoy forma parte del patrimonio público y está vinculado al Museo Numantino de Soria. A pesar de las pérdidas sufridas, conserva suficientes elementos arquitectónicos y pictóricos para permitir una aproximación a su excepcional configuración original.
Animales, cacerías y escenas bíblicas: un románico diferente
La decoración mural de San Baudelio constituye uno de los conjuntos más singulares de la pintura medieval española. Sus pinturas se suelen fechar principalmente en el siglo XII, aunque la datación precisa de las distintas partes y la posible intervención de varios artistas o manos continúan siendo cuestiones discutidas.
Uno de sus rasgos más llamativos es la convivencia de dos grandes universos iconográficos. En las zonas inferiores se desarrollaban escenas de carácter profano, entre ellas representaciones de cacerías y animales; en los registros superiores y en la cabecera predominaban los temas religiosos. Esta organización permite comprender que el programa decorativo no respondía a una acumulación casual de imágenes, sino a una distribución del espacio que diferenciaba funciones y contenidos.
Entre las representaciones más conocidas se encuentra el elefante, un animal extraordinario dentro del repertorio de la pintura románica peninsular. Su imagen, asociada a un castillo de tres torres que lleva sobre el lomo, demuestra el interés medieval por criaturas exóticas que muchos espectadores europeos difícilmente habrían podido contemplar en persona. Junto a él aparecen otros animales, como el dromedario y el oso, además de escenas de caza que incluyen figuras humanas, caballos y presas.
La presencia de estos motivos abre interrogantes sobre las fuentes visuales de los pintores. ¿Conocieron directamente estos animales? ¿Trabajaron a partir de relatos, modelos gráficos o imágenes transmitidas por otros talleres? En una sociedad en la que los libros ilustrados, los objetos importados y los contactos entre distintas regiones contribuían a difundir imágenes, los animales exóticos podían adquirir una vida visual independiente de la experiencia directa.
Las escenas cinegéticas también resultan reveladoras. La caza era una actividad vinculada al prestigio social, al ejercicio de la destreza y a la representación del poder. Su aparición en un edificio religioso demuestra que el repertorio medieval no estaba dividido en compartimentos completamente aislados entre lo sagrado y lo cotidiano. El mundo visible, las actividades humanas y las imágenes de la naturaleza podían incorporarse a un espacio de significado espiritual.
Sin embargo, sería precipitado atribuir un significado simbólico único a cada animal. En la cultura medieval, las criaturas podían poseer interpretaciones morales o religiosas, pero también cumplir funciones narrativas, decorativas o representativas. El sentido concreto de algunas imágenes de San Baudelio sigue abierto a la investigación.
El diálogo entre el arte cristiano y el islámico
La originalidad de San Baudelio se aprecia mejor cuando se compara con otros conjuntos pictóricos de su época.
En el ábside de Sant Climent de Taüll, en el Pirineo catalán, domina la monumental figura de Cristo en Majestad, organizada de acuerdo con una jerarquía visual y teológica muy clara. La imagen transmite autoridad divina mediante la frontalidad, la simetría y una composición concebida para dirigir la mirada hacia la figura de Cristo. En San Baudelio, por el contrario, la variedad temática y la presencia de animales y escenas de caza amplían el repertorio visual y ofrecen una relación distinta entre la pintura y el espacio arquitectónico.
La comparación con el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León resulta igualmente interesante. Allí, escenas bíblicas conviven con representaciones del calendario agrícola, que muestran actividades relacionadas con el trabajo y el paso de las estaciones. En ambos conjuntos, la pintura medieval incorpora elementos de la experiencia cotidiana; sin embargo, San Baudelio destaca por la singularidad de su arquitectura y por el protagonismo de su repertorio animalístico.
También resulta útil compararlo con la pintura románica de la iglesia de la Vera Cruz de Maderuelo, en Segovia. Ambos conjuntos compartieron el destino de sufrir la extracción de parte de sus pinturas murales y su posterior conservación en instituciones museísticas. La comparación permite observar cómo la dispersión de las pinturas medievales ha transformado nuestra manera de conocerlas: hoy algunas escenas se contemplan en museos, separadas de los espacios arquitectónicos para los que fueron concebidas.
En San Baudelio, además, la presencia de arcos de herradura y de soluciones espaciales relacionadas con tradiciones constructivas diversas ha favorecido el debate sobre los contactos culturales medievales. No conviene reducir estas influencias a una explicación simple: la península ibérica fue un territorio de convivencia, conflicto, circulación de artesanos y transmisión de conocimientos. Su riqueza artística nació, en parte, de esas relaciones complejas.
El expolio de 1922: cuando las pinturas abandonaron la ermita
La historia de San Baudelio cambió radicalmente durante las primeras décadas del siglo XX. Aunque el edificio había sido declarado Monumento Nacional en 1917, una parte importante de sus pinturas fue vendida en 1922 por los propietarios de la ermita a través de un intermediario del mercado artístico. La operación desencadenó una controversia patrimonial que se prolongó durante años.
Las pinturas fueron arrancadas de los muros mediante procedimientos que permitían separar la capa pictórica y trasladarla a otro soporte. Esta intervención hizo posible su transporte, pero también alteró de manera irreversible la relación entre las imágenes y la arquitectura. Las superficies que habían formado parte de un programa decorativo unitario quedaron fragmentadas y dispersas.
Una parte de las pinturas llegó a Estados Unidos y pasó a distintas colecciones e instituciones, entre ellas el Museum of Fine Arts de Boston, el Indianapolis Museum of Art y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, donde se encuentran obras vinculadas a la colección de The Cloisters, dedicada al arte medieval. La dispersión de los murales constituye uno de los episodios más representativos de los problemas que plantea la protección del patrimonio histórico cuando intervienen la propiedad privada, el mercado internacional y las limitaciones de la legislación de la época.
En 1957, como resultado de un acuerdo entre España y el Metropolitan Museum of Art, algunas pinturas de San Baudelio regresaron a España en calidad de depósito indefinido. La operación estuvo vinculada a la cesión al museo neoyorquino de la iglesia románica de San Martín de Fuentidueña, procedente de Segovia. Las pinturas recuperadas se conservan actualmente en el Museo Nacional del Prado, en Madrid.
Este episodio invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental para la historia del arte: ¿puede una pintura mural comprenderse plenamente cuando se separa del edificio que le daba sentido? En el museo, las obras pueden estudiarse y contemplarse con mejores condiciones de iluminación, conservación y accesibilidad. Sin embargo, pierden parte de su contexto espacial, arquitectónico y ritual. En San Baudelio, la distancia entre el monumento y sus pinturas constituye una parte inseparable de su historia.
Lo que queda en San Baudelio y lo que se conserva en los museos
Quien visita hoy la ermita encuentra restos originales de su decoración y las huellas de las pinturas arrancadas. Estas marcas no son simples vacíos: permiten comprender la magnitud de la pérdida y reconstruir mentalmente la continuidad de un programa que, en origen, cubría buena parte de las superficies interiores.
En Madrid, el Museo del Prado conserva fragmentos destacados, entre ellos escenas de caza. La obra conocida como Cacería de liebres, fechada hacia 1125 y realizada al fresco, permite observar la extraordinaria capacidad narrativa de estas pinturas. Sus figuras estilizadas, el ritmo de los movimientos y la organización de los animales muestran un lenguaje visual distinto del naturalismo moderno. El objetivo no era reproducir la realidad mediante una perspectiva científica, sino construir una imagen legible, expresiva y adaptada a la superficie mural.
En Estados Unidos, otras escenas permiten estudiar el conjunto desde perspectivas complementarias. Su distribución entre distintas colecciones hace necesario consultar catálogos y documentación de varios museos para aproximarse a lo que fue la decoración original. El estudio comparado de estos fragmentos resulta esencial para conocer las técnicas, los motivos y las relaciones entre las distintas escenas.
Para comprender el monumento en su conjunto, también resulta recomendable visitar el Centro de Interpretación de San Baudelio, situado en Berlanga de Duero. Sus recursos explicativos y reconstrucciones virtuales ayudan a imaginar la riqueza de la decoración perdida y a relacionar las pinturas dispersas con el espacio arquitectónico al que pertenecieron.
Una obra que sigue planteando preguntas
San Baudelio de Berlanga es mucho más que una ermita medieval con pinturas extraordinarias. Es un testimonio de la complejidad cultural de la península ibérica, de la capacidad de los artistas medievales para combinar repertorios religiosos y profanos y de la importancia de la arquitectura en la construcción del significado artístico.
Su elefante, sus escenas de caza y su singular palmera de piedra han sobrevivido al paso de los siglos, pero también a una historia de fragmentación que transformó radicalmente el monumento. Parte de su riqueza se encuentra todavía en Soria; otra parte se conserva a miles de kilómetros, en museos que hoy permiten estudiar las pinturas arrancadas de sus muros.
Quizá esa sea la paradoja más profunda de San Baudelio: sus pinturas alcanzaron una difusión internacional precisamente porque fueron separadas del lugar que las había hecho únicas. Hoy, reconstruir su historia exige volver a unir mentalmente arquitectura, imágenes y contexto. Solo así puede comprenderse la dimensión de una obra que continúa recordándonos que el patrimonio no está formado únicamente por objetos valiosos, sino también por las relaciones históricas y culturales que los convierten en algo irrepetible.


IMAGEN RELIGIOSA DE LA ERMITA DE SAN BAUDELIO DE BERLANGA CONSERVADA EN EL MUSEO DEL PRADO.


ARCOS DE HERRADURA EN SAN BAUDELIO DE BERLANGA, SIN LOS FRESCOS ORIGINALES.

