MUJER BAJO LA LLUVIA

SVETLANA TELETS. 1996

OBRA DEL DÍA

Quiteria Méndez Fernández

11/7/202614 min read

La mujer de la lluvia: el inquietante retrato que parece esconder una presencia

Una figura femenina de aspecto fantasmal, una pintora ucraniana y una historia rodeada de supuestos fenómenos inexplicables. Entre el arte contemporáneo y las leyendas urbanas, «La mujer de la lluvia» se ha convertido en uno de esos cuadros cuya historia parece tan inquietante como su propia imagen.

Hay pinturas que nos atrapan por su belleza, otras por su perfección técnica y algunas porque, sencillamente, nos producen una sensación difícil de explicar. No siempre sabemos qué tiene un rostro, una mirada o una composición para provocarnos cierta incomodidad. Es como si el cuadro escondiera algo que no terminamos de comprender. Ese es precisamente el atractivo de La mujer de la lluvia, una obra que circula por internet acompañada de una historia bastante peculiar: su autora habría experimentado una especie de trance mientras la pintaba y algunas personas que llegaron a poseerla aseguraron haber vivido situaciones extrañas.

La historia resulta fascinante para cualquier aficionado al misterio, pero también plantea una pregunta importante desde el punto de vista artístico: ¿qué sabemos realmente de esta pintura y cuánto pertenece a la leyenda que se ha construido a su alrededor?

Conviene empezar por una aclaración: la documentación pública sobre la obra es extraordinariamente escasa. Su atribución a la artista ucraniana Svetlana Telets, la fecha de 1996 y los relatos sobre sus supuestos efectos paranormales aparecen repetidos en publicaciones de internet, pero no contamos con un catálogo razonado, documentación museística o fuentes biográficas sólidas que permitan presentarlos como hechos históricos plenamente comprobados.

Svetlana Telets: una artista nacida en la Ucrania postsoviética

Para entender la historia de La mujer de la lluvia hay que conocer primero a su autora. Svetlana Telets (también transcrita como Svetlana Tílets en algunas publicaciones) es una artista ucraniana originaria de Vinnytsia, ciudad situada en el centro-oeste de Ucrania.

Su trayectoria no responde a la imagen de una pintora que haya alcanzado fama internacional gracias a una carrera desarrollada en grandes museos o galerías. De hecho, buena parte de la información que conocemos sobre ella procede de entrevistas concedidas a medios de comunicación ucranianos y de su actividad artística y educativa.

En una entrevista publicada en julio de 2024 por el medio ucraniano Surma, Telets explicó que desde pequeña había querido dedicarse a la pintura. Sin embargo, su madre no estaba de acuerdo con esa vocación. Terminó estudiando arquitectura y diseño en un centro técnico, pero nunca llegó a ejercer profesionalmente esos estudios.

Finalmente decidió seguir su verdadera inclinación y marcharse a Odesa para estudiar pintura. La decisión no fue precisamente sencilla: según recordó en aquella entrevista, durante dos semanas tuvo que dormir en la estación de tren porque no disponía de dinero suficiente para alojarse. A pesar de las dificultades, consiguió ingresar en la Escuela Estatal de Arte M. B. Grekov de Odesa, donde terminó sus estudios con excelentes calificaciones,.

Tras finalizar su formación, trabajó en el Museo de Arte de Vinnytsia y posteriormente en una escuela de arte. También desarrolló su propia actividad docente y creó el centro infantil y juvenil Barvy Ukrainy, dedicado a la educación artística y la creatividad.

Con el paso de los años, su trayectoria tomó una dirección bastante personal. Telets se interesó por diferentes formas de expresión artística y por la creación de espacios donde el arte pudiera integrarse con la naturaleza y la vida cotidiana.

Uno de sus proyectos más importantes es Art-Drabyna, un espacio artístico y de turismo rural situado en el pueblo de Busha. Allí ha rehabilitado varias construcciones y ha creado un entorno que combina alojamiento, naturaleza, arquitectura tradicional y arte.

Es interesante conocer esta faceta porque permite alejarse de la imagen reduccionista de la pintora de un supuesto cuadro maldito. Telets es una artista que ha desarrollado una actividad cultural y educativa durante décadas y cuya obra más conocida, paradójicamente, es también aquella sobre la que menos información artística convencional encontramos.

1996: el nacimiento de una mujer bajo la lluvia

La historia comienza en 1996, cuando Svetlana Telets estaba terminando sus estudios artísticos en Odesa.

Ucrania atravesaba entonces una etapa de profundos cambios. Habían pasado apenas cinco años desde la disolución de la Unión Soviética y el país estaba construyendo sus nuevas estructuras políticas, económicas y culturales.

El panorama artístico de aquellos años también estaba experimentando transformaciones. Los creadores comenzaban a trabajar en un contexto diferente al de la cultura oficial soviética, con nuevas posibilidades de experimentación y una mayor apertura hacia corrientes internacionales. En ese ambiente de transición, Telets se encontraba trabajando en sus propios proyectos pictóricos cuando surgió la imagen que terminaría convirtiéndose en su obra más conocida.

Según contó en una entrevista publicada en 2007 por el periódico ucraniano Komsomólskaya Pravda, durante los seis meses anteriores había tenido la sensación recurrente de que alguien la observaba. La artista explicó que intentaba apartar aquellos pensamientos, pero que la sensación persistía.

Un día, mientras se encontraba frente a un lienzo en blanco, decidió que necesitaba pintar algo. No estaba lloviendo. Tampoco tenía pensado realizar un retrato concreto. Sin embargo, de repente apareció en su imaginación la figura de una mujer. Según su propio relato, vio con claridad los contornos del rostro, los colores y las tonalidades que debía utilizar. La imagen parecía estar completamente formada en su mente.

La primera parte del cuadro la realizó en unas cinco horas. Después necesitó aproximadamente un mes más para terminar los detalles.

La propia pintora describió aquella experiencia con una frase que terminaría alimentando la leyenda: tuvo la impresión de que alguien guiaba su mano mientras trabajaba.

No afirmó disponer de pruebas de una intervención sobrenatural. Habló de una sensación personal, de una experiencia creativa que le resultó extraña y difícil de explicar.

El resultado fue Женщина дождя, cuyo título se traduce como La mujer de la lluvia o La mujer bajo la lluvia.

La figura femenina aparece de medio cuerpo, vestida de negro y con un sombrero de ala ancha que ocupa buena parte de la composición. Su rostro es pálido, alargado y de expresión difícil de interpretar. Los ojos, casi cerrados o velados, parecen carecer de una mirada convencional.

El fondo, de tonalidades apagadas, contribuye a crear la impresión de un ambiente lluvioso. La figura parece estar desdibujándose, como si el agua hubiera comenzado a disolver sus contornos.

Hay un detalle especialmente llamativo: el collar que rodea su cuello, formado por pequeñas formas que la propia artista ha descrito como gotas transparentes.

No es un retrato tradicional. No pretende representar a una mujer concreta ni parece buscar el parecido físico con una modelo. Es, más bien, la representación de una presencia.

Y quizá ahí se encuentre buena parte de su fuerza.

Una pintura que sus compradores devolvían

Cuando terminó la obra, Telets se trasladó a Vinnytsia y decidió exponerla en un salón de arte de la ciudad. Lo que sucedió después contribuyó decisivamente a construir su fama. La pintura comenzó a llamar la atención de los visitantes. Algunos se sentían atraídos por ella, mientras que otros reconocían experimentar una sensación de incomodidad al contemplarla.

La primera noticia periodística importante sobre el cuadro apareció el 26 de abril de 2007, firmada por la periodista Irina Yankovaya. El artículo relataba que varias personas habían comprado la pintura y posteriormente la habían devuelto a su autora.

Una de las primeras compradoras fue una empresaria que decidió colocarla en su dormitorio. Según el relato recogido por el periódico, dos semanas después llamó a la artista durante la noche para pedirle que recuperase el lienzo. Aseguraba que no podía dormir y que tenía la impresión de que había alguien más en su vivienda. Incluso había llegado a retirar el cuadro de la pared y esconderlo dentro de un armario, pero decía que la sensación de presencia continuaba.

El segundo comprador fue un hombre joven que decidió colocarla en el salón de su casa. Según el testimonio publicado, comenzó a soñar repetidamente con la figura femenina y terminó devolviendo la obra.

El tercer comprador conocía ya la extraña reputación del cuadro. Pensó que, precisamente por eso, quizá no le afectaría. Sin embargo, también terminó desprendiéndose de él. Explicó que los ojos blancos de la mujer le producían una sensación tan desagradable que prefería adquirir una pintura más convencional.

En 2007, la prensa hablaba de varias devoluciones. En una segunda publicación, aparecida el 4 de mayo de ese mismo año en Gazeta.ua, la artista declaró que había llegado a devolver el dinero hasta cinco veces.

¿Realmente sucedieron todos esos episodios?

Aquí conviene separar la información periodística de la interpretación paranormal. Tenemos testimonios atribuidos a compradores y declaraciones de la artista recogidas por la prensa, pero no investigaciones independientes que permitan confirmar que el cuadro provocase fenómenos sobrenaturales.

Eso no significa que los relatos carezcan de interés. Al contrario: muestran cómo una obra puede adquirir una personalidad propia a través de las reacciones de quienes la contemplan.

La propia Telets realizó una observación bastante interesante en la entrevista de 2007. Consideraba que era curioso comprobar hasta qué punto una obra podía materializar un pensamiento y transmitirlo a otras personas.

En otras palabras, la artista parecía interesada tanto en el cuadro como en el efecto psicológico que producía.

El misterio de los ojos: ¿por qué resulta tan inquietante?

Una de las características más llamativas de La mujer de la lluvia es su rostro.

En un retrato convencional, los ojos suelen ser el elemento que establece la conexión entre el personaje y el espectador. La mirada permite reconocer una emoción, interpretar una intención o imaginar una personalidad. En esta pintura ocurre prácticamente lo contrario. Los ojos de la mujer parecen velados, casi ausentes. No sabemos si está dormida, si tiene los párpados entrecerrados o si mira hacia algún lugar que queda fuera del cuadro.

Su rostro tampoco ofrece una emoción clara. No parece estar llorando, pero tampoco transmite tranquilidad. No hay una sonrisa definida ni una expresión de sufrimiento evidente.

Esa ambigüedad obliga al espectador a completar mentalmente lo que está viendo.

Podemos interpretar que está triste, enferma, cansada, ausente o incluso muerta. Pero ninguna de esas posibilidades está confirmada por la pintura.

El sombrero negro contribuye a aumentar el misterio. Su enorme ala oculta parte de la cabeza y crea una especie de barrera visual entre la mujer y quien contempla la obra.

También llama la atención la desproporción de algunas partes del cuerpo. El cuello es alargado y la figura parece estirarse verticalmente, mientras que los rasgos faciales se muestran ligeramente deformados.

Todo ello produce una sensación de extrañeza.

No es necesario creer en fantasmas para comprender por qué el cuadro puede resultar incómodo. Su composición juega con elementos que nuestro cerebro utiliza habitualmente para reconocer rostros y expresiones, pero no ofrece respuestas claras.

La mujer parece humana, aunque no del todo familiar. Está presente, pero al mismo tiempo parece ausente.

Y esa contradicción es una de las herramientas más eficaces del arte inquietante.

Una valoración estilística: entre el expresionismo y lo onírico

Desde el punto de vista artístico, La mujer de la lluvia presenta características que permiten relacionarla con una sensibilidad expresionista y con determinados recursos de la pintura surrealista.

No obstante, conviene precisar que no existe una clasificación académica consolidada de esta obra ni una declaración de la autora que la adscriba formalmente a una escuela concreta. La relación con estas corrientes es una interpretación estilística basada en su apariencia y en los recursos visuales que utiliza.

1. La deformación de la figura humana

El primer elemento que llama la atención es la anatomía de la protagonista. El rostro y el cuello aparecen alargados, con proporciones que se alejan del naturalismo.

Esta deformación recuerda a determinados recursos expresionistas, donde la figura humana deja de ser una representación fiel de la realidad para convertirse en un vehículo de emociones.

No parece que la intención sea reproducir a una mujer real, sino transmitir un estado de ánimo. La figura parece representar la tristeza, la soledad o una especie de aislamiento emocional.

2. El tratamiento del color

La paleta cromática es otro de los aspectos fundamentales. Predominan los tonos oscuros, especialmente el negro de la vestimenta y el sombrero, junto a tonalidades apagadas y frías en el rostro y el fondo. La ausencia de colores luminosos contribuye a crear una atmósfera melancólica. No hay contrastes alegres ni elementos que sugieran un entorno cotidiano.

El color no funciona únicamente como recurso descriptivo, sino como instrumento para construir una determinada sensación psicológica.

3. La lluvia como elemento simbólico

Aunque el cuadro no representa una tormenta de forma realista, las formas verticales y los trazos que parecen deslizarse sobre la figura sugieren agua y humedad.

La lluvia puede interpretarse de muchas maneras: como símbolo de tristeza, purificación, soledad, memoria o transformación.

También puede entenderse como una frontera entre dos mundos. La mujer parece encontrarse en un espacio donde las formas todavía son reconocibles, pero comienzan a disolverse.

Es precisamente esa indefinición la que permite que el espectador proyecte diferentes interpretaciones.

4. El retrato psicológico

Quizá lo más interesante sea que no estamos ante un retrato psicológico tradicional.

No conocemos la identidad de la mujer, su edad exacta, su historia ni las circunstancias en las que se encuentra. No sabemos si espera a alguien, si está caminando bajo la lluvia o si simplemente permanece inmóvil.

La protagonista no cuenta una historia concreta, sino que plantea una pregunta.

En ese sentido, la obra conecta con una tradición artística mucho más amplia: la de los personajes enigmáticos que parecen guardar un secreto que el espectador nunca termina de descubrir.

Mi valoración es que su principal virtud no reside en una ejecución técnica especialmente compleja, sino en la construcción de una imagen reconocible, inquietante y con una fuerte capacidad evocadora. Es un ejemplo interesante de cómo una composición relativamente sencilla puede adquirir una enorme personalidad a través de la deformación, el color y la ambigüedad expresiva.

Sergei Skachkov: el comprador que se llevó el cuadro

La historia de La mujer de la lluvia dio un nuevo giro cuando apareció un comprador que no parecía compartir los temores de sus anteriores propietarios.

Se trataba de Sergei Skachkov, cantante y vocalista del grupo musical ruso Zemlyane.

Según las informaciones publicadas por la prensa ucraniana, Skachkov quedó impresionado por la pintura cuando vio una reproducción en un periódico y manifestó su deseo de adquirirla.

La propia Svetlana Telets recordó posteriormente que el músico no parecía creer en las historias sobre la supuesta naturaleza sobrenatural de la obra. Simplemente le había gustado y quería tenerla.

La compra se convirtió en un nuevo capítulo de la leyenda.

En una información publicada en 2011 por Gazeta.ua, la artista contó que había visto un vídeo en el que Skachkov mostraba el cuadro colocado cerca de su escritorio. Según lo que Telets relató a los periodistas, el músico había comentado que la mujer parecía caminar por la habitación durante la noche y que su esposa sentía miedo.

La pintora también explicó que había recibido noticias indirectas de que la familia había terminado retirando la obra de la vivienda.

Pero lo verdaderamente curioso es que la propia autora reconoció en 2024 que ya no sabía dónde se encontraba su pintura.

En una entrevista concedida a Surma, Telets explicó que Skachkov había adquirido el original y que, pese a su interés por conocer su paradero, no había conseguido averiguar dónde estaba.

La segunda mujer de la lluvia: una continuación del misterio

Hay otro detalle que merece atención y que suele quedar fuera de las historias que circulan por internet.

La obra original no fue la única vez que Svetlana Telets recurrió a aquella figura femenina.

En la entrevista de 2024 explicó que, después de que un sacerdote ruso le solicitara una copia de la pintura, decidió no reproducir exactamente el original.

En su lugar, realizó una nueva versión con una diferencia fundamental: esta vez la mujer tenía los ojos abiertos.

La tituló La mujer de la lluvia. El despertar.

La artista decidió colocar esta segunda obra en su alojamiento artístico de Busha, en Ucrania.

El cambio de los ojos resulta especialmente significativo desde el punto de vista simbólico.

En el original, la mujer parece encerrada en sí misma, como si permaneciera en un estado de sueño o desconexión. En la nueva versión, la mirada abierta introduce una relación directa con quien observa el cuadro.

Podríamos interpretar esta segunda pintura como una continuación narrativa de la primera: la mujer que antes parecía sumergida en un mundo interior ahora despierta y comienza a mirar.

No obstante, esta lectura es una interpretación artística, no una explicación definitiva ofrecida por la pintora.

La nueva versión también tuvo su propia repercusión. Según Telets, un escritor estadounidense llamado Marcus Delzell, residente en Chicago, encargó una copia para utilizarla en uno de sus libros.

¿Dónde se encuentra actualmente el cuadro original?

Esta es probablemente la pregunta más interesante y, al mismo tiempo, la más difícil de responder.

Durante años se ha repetido en diferentes páginas de internet que La mujer de la lluvia se encuentra en una tienda de muebles llamada Merckx Furniture, en Kiev.

Sin embargo, esa información no coincide con los primeros artículos periodísticos que documentaron su historia.

En abril de 2007, el periódico Komsomólskaya Pravda afirmaba que el cuadro se encontraba expuesto, sin marco, en un establecimiento de Vinnytsia. Unos días después, el 4 de mayo, Gazeta.ua identificaba el establecimiento como el salón Merks-Mebel, situado en la calle Kyivska de esa misma ciudad.

La confusión entre Vinnytsia y Kiev parece haberse extendido con las sucesivas reproducciones de la historia en internet.

Posteriormente, el cuadro pasó a manos de Sergei Skachkov. Y aquí es donde se pierde su rastro.

En la entrevista publicada en julio de 2024, la propia Svetlana Telets reconocía que desconocía dónde estaba el original. Explicaba que le gustaría conocer su paradero, pero que no había conseguido averiguarlo.

El paradero de la obra

Lugar de creación: Odesa, Ucrania

Primera exposición conocida: Vinnytsia

Comprador posterior: Sergei Skachkov

Última información de la autora: Julio de 2024. Paradero desconocido

El original no tiene una ubicación actual públicamente confirmada.

Por tanto, no podemos afirmar que se encuentre actualmente en Kiev, en una tienda de muebles o en una colección privada concreta. La información más reciente que hemos podido localizar procede de la propia artista y señala que desconoce dónde está.

Y hay algo especialmente llamativo en todo esto: la pintora no solo ha perdido de vista una de sus obras más conocidas, sino que tampoco sabe si algún día volverá a verla.

El verdadero misterio de La mujer de la lluvia

Las historias sobre cuadros malditos llevan siglos formando parte de la cultura popular. Retratos que supuestamente cambian de expresión, figuras que parecen seguir al espectador con la mirada y pinturas que sus propietarios prefieren no tener en casa.

En muchas ocasiones, estas historias nacen de una anécdota, crecen gracias a la transmisión oral y terminan convirtiéndose en leyendas que se repiten sin que nadie compruebe su origen.

La mujer de la lluvia es un ejemplo contemporáneo de ese fenómeno.

Su historia tiene varios ingredientes especialmente atractivos: una artista que describe una experiencia creativa inusual, una figura femenina de aspecto inquietante, compradores que aseguran haber sentido miedo, un músico que adquiere el cuadro y un original cuyo paradero se desconoce.

Pero quizá lo más interesante no sea determinar si la pintura está maldita. No existen pruebas que permitan sostener esa afirmación.

Lo verdaderamente fascinante es la relación que se ha establecido entre la imagen y quienes la contemplan.

Una mujer vestida de negro, bajo una lluvia que parece no terminar nunca, con los ojos casi cerrados y una expresión imposible de descifrar. No sabemos quién es, qué siente ni qué representa exactamente.

Tampoco sabemos dónde está ahora.

Y, mientras su autora continúa sin conocer el destino de aquella pintura que realizó hace casi tres décadas, La mujer de la lluvia sigue circulando por el mundo convertida en una de esas historias en las que resulta difícil separar el arte de la leyenda.

Quizá esa sea su mayor virtud: conseguir que, después de conocer su historia, volvamos a mirar el cuadro con otros ojos.

Fuentes y documentación:

Estas son las fuentes que considero más importantes para documentar el artículo y, especialmente, para comprobar los datos biográficos y el paradero de la pintura.

1. Irina Yankovaya, Komsomólskaya Pravda, 26 de abril de 2007. Es el reportaje periodístico original que recoge el relato de la artista sobre la creación del cuadro y los primeros compradores. Leer el artículo original.

2. Olga Omelchenko, Gazeta.ua, 4 de mayo de 2007. Recoge las cinco devoluciones y sitúa el cuadro en el salón Merks-Mebel de Vinnytsia. Leer el reportaje.

3. Olga Dubovyk, Surma, 26 de julio de 2024. Entrevista extensa a Svetlana Telets sobre su trayectoria, la creación de la obra, su segunda versión y el desconocimiento del paradero del original. Es la fuente más importante para actualizar la información sobre la artista. Leer la entrevista de 2024.

4. The Ghost in My Machine, 15 de noviembre de 2021. Investigación divulgativa sobre la historia de la pintura y la propagación de sus leyendas. Especialmente útil para entender cómo se ha difundido la historia